Esta es una de las preguntas más habituales. El Consejo General de la Psicología de España define al Psicólogo como el profesional que “aplica el conocimiento y las habilidades, las técnicas y los instrumentos proporcionados por la Psicología y ciencias afines, a las anomalías, los trastornos y a cualquier otro comportamiento humano relevante para la salud y la enfermedad, con la finalidad de evaluar, diagnosticar, explicar, tratar, modificar o prevenir éstos en los distintos contextos en que los mismos puedan manifestarse”.

Un Psiquiatra es un médico que ha completado una especialización de posgrado en psiquiatría. Su principal competencia es el tratamiento de trastornos psiquiátricos. Trabajan bajo el modelo biomédico, por lo que intervienen mediante la prescripción de psicofármacos (antidepresivos, ansiolíticos, neurolépticos, etc).

Un Psicólogo es un profesional cualificado que ha recibido una formación universitaria formal en Psicología (Licenciado o Graduado en Psicología). La Psicología es la ciencia que estudia la conducta humana y los procesos mentales, entendiendo dentro de estos conceptos cuestiones relacionadas con el aprendizaje, procesos de pensamiento, emociones y comportamientos, tanto en su desarrollo normal como en los diferentes problemas o trastornos. Tal y como establece el Código Deontológico, el psicólogo es un profesional que tiene por objetivo la búsqueda del bienestar, la salud, la calidad de vida y la plenitud del desarrollo de las personas en los diferentes ámbitos de la vida individual y social. El psicólogo, por tanto, es un profesional de la salud, la educación y las organizaciones que aplica el conocimiento, las habilidades, las técnicas y los instrumentos proporcionados por la ciencia de la psicología, con la finalidad de ayudar a las personas a comprender cuál es su problema y qué factores le han llevado a esa situación para construir de forma conjunta estrategias de solución.

Como profesional considero que es recomendable, en algún momento de nuestra vida, acudir al psicólogo. El criterio para necesitar asistencia psicológica pertenece a cada persona, cuando se siente mal, no ha conseguido mejorar utilizando sus propios recursos y este malestar está afectando negativamente a su vida personal, familiar, social y/o laboral. También puede ocurrir que no tengamos ninguna dificultad, simplemente queremos ganar en crecimiento personal.

Cuando se trata de nuestros hijos, generalmente detectamos que es necesaria la ayuda de un profesional cuando la conducta del niño es molesta para las personas que le rodean. Sin embargo, hay conductas que no se manifiestan tan abiertamente, pero generan gran malestar en el niño, siendo fundamental intervenir. Ante cualquier duda sobre si nuestro hijo presenta algún problema, recomiendo no dejarlo pasar; detectarlo y tratarlo a tiempo aliviará el malestar y evitará consecuencias que afecten a su desarrollo.

En España hay 3 divorcios por cada 4 matrimonios. Entre el 40% y el 55% de los matrimonios tiene probabilidades de terminar en divorcio. La representación idealizada del amor que ofrecen los medios de comunicación no prepara a las parejas para hacer frente a las decepciones y frustraciones. Los conflictos y problemas suelen acumularse de forma paulatina, tomando desprevenidas a la mayoría de las parejas. Cuando una pareja decide buscar ayuda, los problemas que les motivan a ello pueden ser muy variados. Si en nuestra relación de pareja percibimos problemas, sentimos que la relación comienza a deteriorarse y no se encuentran alternativas para solucionar los conflictos, es el momento de acudir a un profesional que os ayudará a mejorar la calidad de la comunicación e interacción, a reforzar la habilidad para solucionar los problemas, a tener una vida sexual satisfactoria y, en definitiva, que vuestra relación sea más plena y feliz. En otros casos, el objetivo puede ser llegar a una separación con el menor impacto emocional posible para cada uno de los miembros de la pareja y de los hijos, si los hay.

La intervención psicológica es el tratamiento que tiene como objetivo el cambio de pensamientos, emociones y conductas, logrando el bienestar biopsicosocial de las personas y grupos tales como la pareja o la familia. Conduce a nuevas oportunidades para aprender modos diferentes de pensar, sentir y actuar. En definitiva, provoca que la sensación de malestar progresivamente vaya dejando paso a la de dominio y control personal, además de dotarnos de herramientas que permitan manejar los futuros problemas que puedan aparecer.

La terapia de conducta o terapia cognitivo-conductual es el resultado del desarrollo del conocimiento científico desde sus orígenes hasta la actualidad, y es por ello que es el referente de eficacia en el ámbito de la psicología y de la salud mental, contando con un amplio aval científico. Esto se debe al cúmulo de resultados que se sustentan en trabajos controlados con las convenientes garantías científicas.

La Terapia Cognitivo-Conductual es más eficaz y eficiente que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y la depresión. Leer noticia…

Se caracteriza como una terapia breve, directiva, activa, centrada en el problema, orientada al presente, que supone una relación colaboradora entre el psicólogo y el paciente pudiendo ser este un individuo, una pareja o una familia.

La terapia de conducta está basada en los principios de la teoría del aprendizaje. Establece que la conducta humana es aprendida. Se presta una gran importancia a los factores que están manteniendo actualmente los problemas de la persona y a las técnicas que permiten, con la implicación del paciente, modificar dichos factores y restablecer su salud psicológica. El objetivo de la intervención es el cambio conductual, cognitivo y emocional, y se fundamenta en la relación que existe entre los aspectos cognitivos, es decir, qué pensamos, en la reacción emocional que sentimos en esa situación y en la conducta que realizamos.

Consta de 4 fases relacionadas entre sí: evaluación psicológica, donde se va a recoger toda la información necesaria sobre el motivo que ha traído al paciente a la consulta del psicólogo. Explicación de hipótesis, dónde se le expone al cliente qué le ocurre, por qué le ocurre, cómo se mantiene el problema y cuáles son los objetivos a lograr. La 3ª fase es la intervención, donde en función de los objetivos definidos se aplicarán las técnicas o estrategias que mejor puedan ayudar a conseguir los objetivos fijados. La última fase, no menos importante, es la de seguimiento, en la cual se entrena al paciente en habilidades y estrategias específicas que propicien la generalización y mantenimiento del cambio logrado.

Es normal sentirse nervioso/a mientras se dirige a su primera consulta con el psicólogo. No se preocupe porque le transmitiré un clima de calidez, empatía y escucha activa a través del cual guiaré la sesión de forma eficaz para establecer unos objetivos y un plan de actuación. La relación que se establece entre el psicólogo y el paciente es esencial para el éxito de la evaluación y la intervención.

En las sesiones se utilizan diferentes técnicas, dependiendo del problema que se aborde. Dichas técnicas se enseñan al paciente y se practican con él, con el objetivo de que las incorpore a su repertorio habitual de conducta. Se prestará especial importancia a pensamientos disfuncionales, regulación emocional y cambio de conductas desadaptadas. Se realizarán “tareas para casa” por parte del paciente y se revisarán en la sesión siguiente, como parte fundamental del proceso.

La duración de una sesión con el psicólogo suele durar aproximadamente entre 50 y 60 minutos. La frecuencia de las sesiones viene determinada por el caso concreto que presenta el paciente, aunque como norma general suele ser de una sesión por semana. A medida que se van logrando los objetivos, las sesiones se van espaciando cada vez más en el tiempo. Con el objetivo de consolidar los cambios alcanzados y comprobar que el cliente los ha incorporado a su vida diaria, pueden realizarse sesiones de seguimiento (normalmente a los 3, 6 y 12 meses).

Mi trabajo y toda la información que se proporcione tanto en la consulta como a través de la modalidad online, está sujeta a la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD 15/1999) y al Código Deontológico del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos. Bajo ningún concepto se facilitarán datos a terceros.

El artículo 40º del Código Deontológico del Colegio Oficial de Psicólogos dice que “Toda la información que el/la Psicólogo/a recoge en el ejercicio de su profesión, sea en manifestaciones verbales expresas de sus clientes, sea en datos psicotécnicos o en otras observaciones profesionales practicadas, está sujeta a un deber y a un derecho de secreto profesional, del que, sólo podría ser eximido por el consentimiento expreso del cliente”.

Rotundamente no. En ningún caso tiene una connotación negativa, todo lo contrario, solicitar ayuda significa que se reconoce dicha necesidad y eso es un gesto que demuestra gran fortaleza. A pesar de que nuestra cultura fomenta la creencia contraria, las personas necesitamos ayuda frecuentemente, por ejemplo, acudiendo al médico inmediatamente si tenemos un resfriado o si nuestro hijo muestra signos de fiebre. Del mismo modo, si estamos viviendo una etapa de nuestra vida en la que no nos sentimos bien y la queremos cambiar, la opción más valiente es solicitar ayuda psicológica.

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.”

Organización Mundial de la Salud (OMS)