Vivimos inmersos en una tendencia a embotellar y vender la felicidad. No hay más que acercarse a una librería y comprobar cómo la sección de psicología ha sido enterrada bajo una montaña de libros denominados de autoayuda cuyos títulos rezan algo así como “cámbiate esas gafas negras que tienes por unas de colorines” o “sé feliz sin levantarte del sofá y sin soltar la bolsa de patatas y el mando de la TV”. También puedes darte una vuelta por tus redes sociales para ser invadido por eslóganes que espetan cosas como “eres lo que atraes, piensa en positivo y la positividad se te pegará”. ¿Es que acaso somos imanes de nevera?, ¿acaso no genera esto más infelicidad? Que yo por más que pienso en colorines, no brillo. Y al final esto se convierte en una nueva necesidad que me crean desde fuera y que no puedo cumplir. ¿Os imagináis que ante un muro de 3 metros la clave fuese visualizarse a uno mismo saltándolo? El golpe contra el muro iba a ser gracioso y doloroso a partes iguales. Y es que han aparecido todo tipo de productos, consejos, recetas e ideas defendidas en su mayoría por charlatanes, personajillos famosos o gurús de la felicidad.

Con esta entrada pretendo arrojar algunos datos sobre eso que llamamos felicidad y que, cada vez que veas algún ejemplo como los anteriores, te pares a reflexionar y seas dueño y parte activa en tu propio bienestar subjetivo. Espera, ¿has dicho bienestar subjetivo? ¿No se llama felicidad?

Los psicólogos pretendemos abordar el estudio de la felicidad desde una perspectiva científica. Hace años, un psicólogo llamado Diener prefirió llamarlo bienestar subjetivo para que no le tomaran como un charlatán (Diener, Suh, Lucas y Smith, 1999). Como he puesto antes, yo prefiero referirme a bienestar subjetivo. El término subjetivo hace referencia a que lo que recoge este concepto no son unos índices objetivos de calidad de vida, sino cómo la persona percibe e interpreta la realidad y, por lo tanto, cómo se siente. No basta con tener unos buenos índices en aquellos factores que sabemos que influyen en la felicidad, siendo igual de importante cómo se vivencian.

Entonces, ¿qué es la felicidad (bienestar subjetivo9? Se define como la evaluación que hace una persona de su vida. Esta valoración incluye tanto juicios cognitivos sobre satisfacción vital como valoraciones afectivas sobre sus estados de ánimo y emociones (Diener, 2000; Diener, Lucas y Oishi, 2002). Estudios indican que las personas felices o con bienestar informan de experiencia frecuente de emociones positivas y baja proporción de emociones negativas, juzgando que están satisfechos con su vida. Respecto a las emociones positivas, no se trata de que sean muy intensas, si no de que sean frecuentes.

Como en cualquier aspecto de la vida, y lejos de cualquier tipo de frase de Coelho, la cosa no es tan simple. No es cuestión de decir “quiero experimentar más emociones positivas”, pues el simple propósito de querer ser más feliz no funciona. Resulta imprescindible hacer algo y, además, ese algo no puede ser cualquier cosa, sino que tiene que ser bastante específico. En realidad, es imprescindible que las personas cambien su manera de pensar y actuar (Fredrickson, 2008).

Vale, entendido. Entonces, ¿qué puedo hacer de verdad para ser más feliz?, ¿cómo aumento mi bienestar subjetivo? Te voy a dar 7 claves para ser más feliz:

1.- Tres cosas buenas al día: al final del día, dedica unos minutos a identificar 3 cosas en el día que hayan ido bien. Hazlo todos los días. Mediante esta sencilla actividad se potencia la focalización de la atención sobre los aspectos positivos, de tal manera que podamos tomar conciencia de que nos suceden cosas buenas.

2.- Identificar fortalezas y usarlas: ¿cuáles son las características más positivas de tu personalidad? Creatividad, curiosidad, gusto por aprender, autenticidad, persistencia, valentía, entusiasmo, amabilidad, imparcialidad, modestia, prudencia, gratitud y sentido del humor. Esto permitirá lograr una visión más positiva de uno mismo y aumentar la calidad de las relaciones interpersonales.

3.- Reevaluación positiva de las situaciones negativas: no se trata de ponerse las famosas gafas arcoiris, que las emociones negativas son necesarias y adaptativas (Fredrickson, 2008). Se trata de darse cuenta de que la mayoría de las situaciones a las que nos enfrentamos no son totalmente negativas y poder percibir algún aspecto positivo de las mismas. Por ejemplo, un problema puede verse como una oportunidad para cambiar los hábitos de vida, ver quiénes son los verdaderos amigos, etc. Algunos autores apuntan que el malestar es necesario para que nos podamos dar cuenta de que necesitamos cambios y podamos progresar (King, 2008).

4.- Saborear: este ejercicio consiste en generar, intensificar y prolongar de forma intencionada el disfrute asociado a situaciones cotidianas. Sin juzgarlas. Aceptándolas tal y como vienen. Esto aumentará nuestra percepción de control. También intensificará y prolongará la satisfacción en las situaciones que queramos.

5.- Expresión de gratitud y amabilidad: esto trae como consecuencia sentimientos placenteros. Cumple la función de ayudarnos a mantener relaciones sociales. Haz un ejercicio activo: la próxima vez que compres algo, te den algo, saques un libro de la biblioteca o tengas una interacción social, responde con un “gracias, muy amable” y ofrece una amplia sonrisa. Esto incrementará la visión positiva de unos mismo y tendrá una reciprocidad en los demás. Al igual que antes, aumentará la calidad de las relaciones interpersonales, que es un factor clave en el bienestar subjetivo.

6.- Implícate en metas significativas: este es quizás el componente del funcionamiento psicológico óptimo que más impacto tiene en el desarrollo del bienestar. Estas metas tienen que ser significativas, importantes y valoradas por la persona. Tienen que ser elegidas en función de los intereses, valores y necesidades propias y no impuestas en forma de deberes u obligaciones. mejor si tienen un nivel de dificultad medio, un reto. Y tienen que ser metas de aproximación, no de evitación, es decir, que se planteen como objetivos a conseguir. Las actividades deben suponer cierto esfuerzo e implicación personal. Las metas también están implicadas en la disminución de síntomas negativos como los depresivos (Johnson et al., 2009; Seligman et al., 2006; Sin y Lyubomirsky, 2009).

7.- Autoaceptación, autoeficacia y autonomía: ¿y esto qué es?, consiste en aceptar tanto los aspectos positivos como las limitaciones de uno mismo, incondicionalmente, percibiendo que uno mismo puede manejar el ambiente en el que se está inmerso y consiste en sentir que la causa del comportamiento propio es uno mismo.

Ahora ya sabes que, si quieres sentirte bien, sentirte feliz, debes recorrer un camino activo e implicarte personalmente en ello y, sobretodo, huir de fórmulas mágicas. Si te ha gustado el post, si quieres que alguien lo lea o si lo has considerado interesante, por favor, compártelo o deja un comentario aquí abajo. ¡Gracias!

Bibliografía:

– Diener, E., Suh, E. M., Lucas, R. E., y Smith, H. L. (1999). Subjective well-being: Three decades of progress. Psychological Bulletin, 125, 276-302.

– Diener, E. (2000). Subjective well-being. The science of happiness and proposal for a national index. American Psychologist, 55, 34-43.

– Diener, E., Lucas, R. y Oishi, S. (2002). Subjective well-being: The science of happiness and life satisfaction. En C. Snyder y S. López (eds.), Handbook of positive psychology (pp. 63-73). Nueva York: Oxford University Press.

– Fredrickson, B. (2008). Promoting positive affect. En M. Eid y R. Larsen (eds.), The science of subjective well-being (pp.: 449-468). Nueva York: Guilford Press.

– King, L. (2008). Interventions for enhancing subjective well-being. En M. Eid y R. Larsen (eds.), The science of subjective well-being (pp.: 431-448). Nueva York: Guilford Press.

– Johnson, D., Penn, D., Fredrickson, B., Meyer, P., Kring, A. y Brantley, M. (2009). Loving-Kindness Meditation to enhance recovery from negative symptoms of schizophrenia. Journal of Clinical Psychology, 65, 499-509.

– Seligman, M., Rashid, T. y Parks, A. (2006). Positive psychotherapy. American Psychologist, 61, 774-788.

– Sin, N. y Lyubomirsky, S. (2009). Enhancing well-being and alleviate depressive symptoms with positive psychology interventions: A practice-friendly meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 65, 467-487.

– Pérez, P., y Laffond, B. (2014). Promoción y prevención de la salud desde la psicología. Madrid: Editorial Síntesis.