Mitos y tabúes en la sexualidad humana

La vivencia de la sexualidad está atestada de prejuicios, creencias, costumbres, normas, doctrinas religiosas; teniendo todas las sociedades regulada la conducta sexual; por eso es muy importante no confundir las imposiciones basadas en prejuicios obsoletos y dañinos, con los conocimientos científicos que propugnan una sexualidad saludable y feliz. Resulta importante cuestionar diversos mitos que hacen referencia a la Respuesta Sexual Humana y que contribuyen a que algunas personas vivan la sexualidad de forma poco saludable, dando lugar a la existencia de diversas disfunciones y problemas sexuales. La censura del placer sexual es una de las imposiciones más absurdas al ser humano. El disfrute sexual considerado como “vicio” y enfrentado a la virtud, ha estado presente en nuestra sociedad durante siglos. El miedo al placer y el goce como sinónimo de “perversión” ha marcado la vida de muchas personas hasta nuestros días. De hecho en algunos lugares del mundo se sigue practicando la extirpación del clítoris como remedio para controlar esos “males”, una aberración. En esta entrada del blog pretendo ofrecer un espacio de reflexión que nos permita diferenciar los conocimientos contrastados mediante la ciencia sobre salud sexual de las creencias irracionales.

Incluso por género, si la sexualidad masculina debía ser vigilada, sobre la femenina se ejercía y se sigue ejerciendo un control brutal. Si antes la sexualidad femenina quedaba confinada al matrimonio, ahora las diferencias sexuales y las actitudes marcan una barrera infranqueable para millones de mujeres. Así nos encontramos que, producto de esas actitudes más negativas, todavía siguen prisioneras de prejuicios culturales y religiosos que las confinan a la más injusta desigualdad. Las actitudes son predisposiciones a responder de una determinada manera, con reacciones favorables o desfavorables hacia algo. Actuarían como una gran base de datos predeterminada, que organiza nuestras creencias, las interrelaciona, describe y evalúa situaciones y objetos y nos impulsa a una determinada acción en función del sentido de dichas creencias. Además, no son innatas, sino que se forman a lo largo de la vida y pueden ir cambiando. Son muy importantes en el campo de la salud sexual, porque desempeñan un papel crucial en la dirección y canalización de la conducta sexual, y en cómo nos relacionamos con el sexo y juzgamos rápidamente el comportamiento sexual de los demás.

Tal y como propugna la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1975): “Un conjunto creciente de conocimientos indica que los problemas de la sexualidad humana son más hondos e importantes para el bienestar y la salud de los individuos de muchas culturas, que lo que se había admitido anteriormente, y que la ignorancia de las cuestiones sexuales y las nociones erróneas sobre las mismas guardan estrecha relación con diversos problemas de salud y con la calidad de la vida. Siguiendo estas premisas en 1975 la OMS proclama: Salud sexual es la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales, y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor. Presentan decisiva importancia desde ese punto de vista el derecho a la información sexual y el derecho al placer”. Informe de la OMS, Ginebra, 1975. Este documento supone un logro fundamental para sacar a la sexualidad del ostracismo y situarla en un contexto científico y profesional de relevancia social.

Se considera de particular importancia un cambio de actitudes en lo que respecta a la aceptación de la sexualidad como componente positivo de la salud, tanto para uno mismo como los demás. Recordemos que la sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano: basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor, y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. Y en todo esto, resulta fundamental estar libre de creencias, mitos y prejuicios con respecto a la sexualidad. Tenemos que tener en cuenta que la sexualidad es la actividad humana más contaminada culturalmente y más reglamentada, con todo tipo de normas, lo que da lugar a los tabúes, mitos y falacias que rigen en cada civilización y cultura. Te invito a que los leas y, si tienes alguna duda con alguno, leas algún tipo de publicación científica que pueda desconfirmar ese mito o resolver esa duda.

  • Es FALSO que, cuanto mayor sea el tamaño del pene mayor placer se obtiene y mayor placer se proporciona a los demás. El tamaño no es, de ninguna manera, sinónimo de placer; esto es debido a que las terminaciones nerviosas de la vagina (relacionadas con el clítoris) se encuentran en el primer tercio del techo vaginal. La mayoría de las mujeres estiman más las distintas maneras de acercarse, las caricias, el modo de ser atendidas, en lugar del tamaño del pene.

 

  • Es FALSO que, un verdadero hombre debe estar siempre listo para tener sexo. Nadie puede o debe estar dispuesto siempre a mantener una relación sexual. El deseo depende de muchos factores distintos, tanto físicos (cansancio, estrés…), situacionales (entorno agradable o no), como psicológicos (estado de ánimo…).

 

  • Es FALSO que, de acuerdo al tamaño de sus manos, pies o nariz, puede calcularse el tamaño del pene de un hombre. No existe la menor relación entre estas partes de la anatomía de un individuo y el tamaño de su pene. Este depende de su anatomía intrínseca, de su distensibilidad y, desde luego, no correlaciona con la altura y el peso.

 

  • ES FALSO que la vida sexual de la mujer termina con la menopausia. A cualquier edad se puede disfrutar de una sexualidad plena y satisfactoria.

 

  • Es rotundamente FALSO que las mujeres sienten menos deseo sexual que los hombres. Ellas como ellos tienen la misma capacidad de excitarse, tener orgasmos y disfrutar la divinidad del sexo. Aunque las sensaciones y las respuestas en ambos puedan ser diferentes en algunos aspectos, los dos están preparados para el deseo en igual medida.

 

  • ES FALSO que no hay mujer frígida sino hombre inexperto. La conducta sexual es competencia y responsabilidad, en este caso de ambos, hombre y mujer. Es una falacia identificar al hombre como único responsable del placer de una mujer.

 

  • Es FALSO que existan dos tipos de orgasmos diferentes en la mujer, uno vaginal y otro clitoriano. No existe un “orgasmo vaginal” y un orgasmo de otro tipo. El orgasmo es siempre el mismo y se consigue por estimulaciones diferentes, por ejemplo puede ser por penetración vaginal, y también por sexo oral, masturbación,etc. Además, para alcanzar el orgasmo se necesita la intervención directa del clítoris; es decir, que tanto si la estimulación es vaginal, como si es a través de la estimulación directa del clítoris, éste normalmente interviene.

 

  • Es FALSO que a los homosexuales se les conoce normalmente por su aspecto externo. El afeminamiento homosexual es un tópico; no es más propio de homosexuales que de heterosexuales.

 

  • Es FALSO que las personas son o totalmente homosexuales o totalmente heterosexuales y que no hay “medias tintas”. Cualquier persona puede sentirse atraído en un momento de su vida por alguien de su mismo sexo, al igual que la persona que ha tenido conductas homosexuales puede mantener relaciones heterosexuales. La heterosexualidad y la homosexualidad no son categorías impermeables, sino las situaciones extremas de un continuo que presenta infinitas posibilidades de “localización” para cada persona.

 

  • Es FALSO que durante el periodo menstrual, la mujer no puede o debe tener relaciones sexuales. Solo va a depender de que la pareja quiera hacerlo. Para muchas mujeres, las relaciones sexuales con la menstruación les alivian algunos síntomas como hinchazón de mamas, dolores de tripa. Algunas refieren sentirse mucho más excitadas en este periodo.

 

  • Es FALSO que la masturbación sea una práctica limitada casi exclusivamente a los hombres y que cause daños psicológicos. Es una conducta corriente y saludable. No causa locura, ni es propio de gente introvertida, ni de ella se derivan problemas de salud mental.

 

  • Es FALSO que las relaciones sexuales sean sinónimo de coito. Las caricias, los besos la masturbación mutua, etc. Son también elaciones sexuales. No hay necesidad de que en todas ocasiones sexuales se tenga que producir penetración.

 

  • Es FALSO que el coito debe evitarse durante el embarazo. No existe prueba alguna que relaciones los problemas de gestación y nacimiento de un bebé con la realización del coito durante el embarazo.

 

  • Es FALSO que si un miembro de la pareja tiene fantasías sexuales mientras se tienen relaciones sexuales, exista un problema. Todo lo contrario, puede aumentar el deseo y la excitación sexual.

 

  • Es FALSO que una relación sexual sólo es plena cuando hombre y mujer llegan al orgasmo simultáneamente. Ambos pueden tener ritmos diferentes y umbrales de excitación y respuesta diferentes.

 

  • Es FALSO que la relación sexual es siempre natural y espontánea. Tanto si es esporádica como se produce en una pareja estable, ha de construirse un ambiente que favorezca y propicie una adecuada interacción sexual.

¿Y tú?, ¿conoces algún mito o falacia más sobre el sexo? Si es así puedes dejarme un comentario al final de este artículo y estaré encantado de resolver tu duda.

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